Paramentos de los edificios de la fortaleza de la Alhambra (cuaternario-s. XIV)

Paramentos de los edificios de la fortaleza de la Alhambra (cuaternario-s. XIV)

El objetivo era contemplar los materiales constructivos de la Alhambra: los conglomerados de las colinas de Granada, producto del empuje alpino del macizo de Sierra Nevada. La fortaleza nazarí, en sus paramentos externos, contiene la materia de la fuerza geológica de los “Alpes de Andalucía”. ¿No es maravillosa esta metáfora? Existe una integración Ciudad-Palacios-Montaña no solo visual, sino también material (e incluso narrativa; pero esto ya es otra historia…). Además, la sensibilidad islámica supo contraponer la tosquedad de los materiales locales con sus elaborados juegos decorativos en los alicatados y en la articulación del ladrillo, de origen iraní.

El rechazo de l…

El rechazo de la promesa ideológica

“Si el sufrimiento de los niños sirve para completar la suma de los dolores necesarios para la adquisición de la verdad, afirmo desde este momento que esta verdad no vale tal precio.”, Iván, en Los hermanos Karamázov, de Fiodor Dostoievski.

La absurdidad e…

La absurdidad en soledad y la rebeldía en comunidad

“Por de pronto, he aquí el primer progreso que el espíritu de rebeldía hace efectuar a una reflexión primero penetrada de lo absurdo y de la aparente estirilidad del mundo. En la experiencia del absurdo, el sufrimiento es individual. A partir del movimiento de la rebeldía, cobra conciencia de ser colectivo, es la aventura de todos. El primer progreso de un espíritu imbuido de rareza consiste, pues, en reconocer que comparte esta rareza con todos los hombrs y que la realidad humana, en su totalidad, sufre de este distanciamiento con respecto a sí y al mundo. El mal que sufría un solo hombre se hace peste colectiva. En la prueba cotidiana que es la nuestra, la rebeldía representa el mismo papel que el cogito en el orden del pensamiento: es la primera evidencia. Pero esta evidencia saca al individuo de su soledad. Es un lugar común que funda en todos los hombres el primer valor. Me rebelo, luego existimos.” Albert Camus, El hombre rebelde (L’homme revolté).

La rebeldía y s…

La rebeldía y sus límites

“Aparentemente negativa, ya que no crea nada, la rebeldía es profundamente positiva, ya que revela lo que, en el hombre, hay siempre que defender. […] El hombre en rebeldía es el hombre situado antes o después de lo sagrado, y dedicado a reivindicar un orden humano en el que todas las respuestas sean humanas, es decir razonablemente formuladas. […] La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebeldía, y éste, a su vez, sólo halla justificación en esta complicidad. Tendremos, pues, derecho a decir que toda rebeldía que se autoriza a negar o a destruir esta solidaridad pierde al mismo tiempo el nombre de rebeldía y coincide en realidad con un consentimiento criminal. Asimismo, esta solidaridad, fuera de lo sagrado, no cobra vida sino al nivel de la rebeldía. Queda, así, anunciado el verdadero drama del pensamiento en rebeldía. Para ser, el hombre debe rebelarse, pero su rebeldía ha de respetar el límite que descubre en sí misma y en que los hombres, al unirse, empiezan a ser. El pensamiento en rebeldía no puede, pues, prescindir de la memoria: es una tensión perpetua. Siguiéndola en sus obras y en sus actos, tendremos que decir, cada vez, si permanece fiel a su nobleza primera o si, por lasitud o locura, la olvida por el contrario, en una embriaguez de tiranía o de servidumbre.”

Albert Camus, L’homme revolté [El hombre rebelde]

La circulación de los afectos

Se ha escrito mucho sobre la circulación del conocimiento. A través de varias manifestaciones y formatos, el saber (de carácter cultural y científico) viaja en el tiempo y en el espacio, y, trastocado, subvertido, devaluado o enriquecido, se transmite de generación en generación. Esta comunicación de la ciencia se produce por varias vías, todas ellas legítimas y, lo que es más importante, con resquicios por donde transformar sus contenidos. Dos de tales vías son los textos y las imágenes, los cuales recogen una cierta condensación de los conocimientos sobre el mundo y hacen posible que lleguen a destinos insospechados. Otro procedimiento son las genealogías intelectuales que, azarosamente o no, se producen en los centros del saber, permitiendo con ello no solo un traspaso del conocimiento, sino también su imbricación con las diferentes subjetividades de los individuos-científicos que permiten tal circulación.

En cambio, parece que se ha hablado poco de la circulación de las relaciones afectivas que, por qué no, hacen posible dicha transmisión del saber. Las coincidencias o desatinos emocionales entre las personas en un mismo espacio geográfico y temporal, y las conexiones que, de una forma u otra, pueden producirse entre ellas, pueden condicionar de manera importante los futuros encuentros con las redes científicas.

La circulación del conocimiento, a través de sus manifestaciones materiales, se puede historiar. Deja huellas de tipo formal y conceptual que los historiadores podemos seguir. La transmisión de las relaciones afectivas, por momentos efímeras, apenas se puede registrar. Dejan al historiador espacio para la imaginación y, en el mejor de los casos, la interpretación. Los grandes relatos de la historia del arte nos enseñan que la pintura de Velázquez sufrió un giro sustancial al entrar en contacto, en la corte de Felipe IV, con la forma de pintar de Rubens. Y de que sus viajes a Italia, en los que pudo conocer las grandes obras de los artistas venecianos, fueron fundamentales para entender su propia pintura. Sin embargo, pocas historias nos pueden hablar sobre las relaciones personales del pintor sevillano en la corte de Madrid, sobre su verdadera relación cotidiana con Rubens, o sobre su círculo italiano de amistades y conocidos. Y, lo que es más importante, sobre los hilos emocionales, las experiencias vivenciales, las redes afectivas y las casualidades cotidianas que pudieron haber contribuido a la realización de los viajes a Madrid y a Italia, y, con ello, al acceso del conocimiento en aquellos “centros del saber”.

La circulación de la ciencia y la cultura se examina desde una perspectiva histórica. La transmisión de las querencias, los afectos, las sensibilidades y las emociones que permiten dicha circulación se experimentan en una plano personal. Como historiadores, debemos hacer visible la primera. Como personas, conviene tener siempre presente la segunda.

El Atlas, Sierra Nevada y el Mediterráneo

“Under how different an aspect does nature appear when the lofty snows of the Sierra Nevada break at once upon the traveller’s view in chill and tranquil majesty! –and how well does he recognise in these giant masses the magic touch of that Almighty hand which has so suddenly and so sublimely heightened the features of the landscape, as he gazes upon its icy ridges shooting upwards into a region intermediate between earth and heaven, and far above the whirlwind which sweeps the valleys beneath! The wings of imagination place him upon its pinacles of frost, and he beholds both the waters of the Mediterranean and the Atlantic waves, while the broad hoary shoulders of its savage rival, old Father Atlas, close the view. He treads the same snows which, three centuries since, witnessed the downfal of the proud city at their feet, –saw the gleam of the Christian sword, and the silver cross planted upon the towers of the Alhambra; while the mournful remnant of a brave and high-minded people caught from the points of the surrounding Alpujarras a last glimpse of their once happy homes, the smiling plain of Granada, and then, heart-broken, retreated with lingering steps to seek a refuge within its bosom. How many generations of Christians and Mussulmen have since mouldered away, and yet the frozen mantle of these Alps remains unmelted!”

Sir Arthur de Capell Brooke, 1831. Sketches in Spain and Morocco, pp. 216-217.

The sun is low,…

The sun is low, the eve is bright and still;
The breeze comes soft and sad o’er Santa’s hill;
King of the waste, Elvira’s giant height,
Swells yet more bold –one purple throne of light;
O’er the pale mantle of Nevada’s snows
The waning orb its level glory throws:
Where lone Alhambra rears her mountain brow,
And Darro rolls her rushing flood below.

El viajero inglés Sir Arthur de Capell Brooke citaba, en su obra Sketches in Spain and Morocco, publicada en 1831, unos versos del poema The Moor, de Lord Porchester, con los que enfatizaba la sensación espectacular y grandiosa (esto es, sublime) que le evocaba el paisaje de Granada y Sierra Nevada.

Shift

Shift es un término inglés que, ya sea sustantivado o expresando acción, alude a un cambio radical de un determinado status quo. Expresaría lo que en español podríamos denominar “viraje”. Dicho vocablo se puede leer con bastante frecuencia en cualquier texto más o menos profesional de cualquier ámbito. Sin embargo, shift no es un término con el que el PSOE estuviera familiarizado, ni un concepto que le interese manejar.

A juzgar por su reciente cónclave, la opción que se ha escogido (o que algunos han impuesto) pasa por la anulación de una alternativa real y, de verdad, popular (en el sentido etimológico del término), a sus políticas, o a lo que queda de ellas. Sin ir más lejos, la omnipresencia de la figura mesiánica, ya casi faraónica, de Rubalcaba, anula cualquier capacidad de shift hacia una posible izquierda algo menos dependiente de las grandes oligarquías.

Sin embargo, tanto los medios como la ultraderecha opusina española, está enfatizando estos días la peligrosidad de un shift inexistente hacia la radicalidad. Dicho de otra forma, los medios, junto con el apoyo del gobierno y las corporaciones, están construyendo una “narrativa alarmista” que sitúa al PSOE en poco menos que heredero de la Comuna de París de 1848.

Eso me lleva a una reflexión: ¿no sería este uno de los verdaderos objetivos del célebre cónclave del PSOE, ya que no ha servido, de momento, para que se releve la cabeza pensante del partido? Es decir, ¿no se estará buscando precisamente crear un falso discurso (otro más) que vuelva a atomizar la política del país en torno a los dos grandes partidos tradicionales, especialmente a partir del ascenso electoral de nuevos partidos con alternativas que presentar?

101 Obras maestras

Las obras de los siglos XVIII y XIX impresionan por la intensa colaboración entre los dos ámbitos. Las ciencias biomédicas o de la Tierra, por ejemplo, gozaron de una gran permeabilidad hacia el universo de las imágenes. Glaciares, expediciones científicas, anatomías, lecciones de medicina, o especies zoológicas y botánicas se vieron representadas por los distintos medios y soportes artísticos.

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