http://www.youtube.com/watch?v=9s0I_4NjjzU

http://www.youtube.com/watch?v=9s0I_4NjjzU

Es curioso, porque de todos los imaginarios simbólicos, representaciones, metáforas y encuentros que se han ido forjando históricamente en torno a las montañas  –algunas tan significativas como el Chimborazo, el Teide, el Chomolugnma/Everest, Nanga Parbat, Mont Blanc, Moncayo, Peñalara, Monte Perdido, Montserrat, Veleta, Canigó o Cervino/Matternhorn–, no recuerdo haberme entontrado con ninguna referente al pico Aneto. Ahora mismo me viene a la mente una pintura del macizo de la Maladeta, de Franz Schrader.

Es interesante señalar que el Mulhacén y el Aneto son las dos cumbres más altas de la Península y, sin embargo, hasta donde yo sé, es posible que sean las de menos raigambre dentro de los discursos culturales.

Desde luego, el documental resulta muy interesante no tanto por lo que plantea, sino por lo que se le puede analizar que reproduce de la visión romántica y elitista de las cumbres de las montañas. Pese a lo emotivo y lo hermoso de la inicativa, cabría preguntarse si existen otras formas de conocimiento extracientífico de las montañas que no implicara únicamente una mera evocación de tipo romántico de sus condiciones geográficas extremas…

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España(s) esperpénticas

España(s) esperpénticas

Reivindicaciones esperpénticas… ¿Y por qué no nos parapetamos cada uno en nuestro barrio, o en nuestras casas, legitimados por cualquier historieta cutre de mitos fundacionales que nos vincule con un pasado arcádico que, por supuesto, siempre fue mejor que el presente? Dudo mucho que en las políticas territoriales de los tartessos incluyeran el concepto de Estado. Y qué decir de Al-Andalus, aquel batiburrillo político, feudo de los oligarcas árabes que sometían y esclavizaban a todas las demás etnias y clases sociales inferiores, y que no lograron encadenar más de veinte años de estabilidad social y ecónomica.

Adoro con locura Andalucía, adoro a los andaluces, su sol, su tierra, sus lenguajes, sus variaciones cromáticas, su diversidad paisajística, su historia, su legado cultural, su comida, su ritmo, su musicalidad, sus acentos, sus olivares, sus montañas, su mar… Pero adoro todo esto dentro de su contexto global, de sus circunstancias con respecto a un todo más amplio, de su contingencia en relación a ámbitos más extensos, de su identidad como parte de un conjunto de identidades, definidas recíprocamente de forma relativa, nunca absoluta, ni aislada.

Complementariedades geográficas

John Ruskin escribía, hacia la mitad del siglo XIX, que las montañas de la tierra “son el principio y el final de todo paisaje natural”. Con ello, reivindicaba el conocimiento y la apreciación de las cordilleras como “fuentes de vida y felicidad mucho más pletóricas y beneficiosas que toda la brillante feracidad de la llanura”.

En determinadas ocasiones, no existe una verdadera oposición entre un espacio geográfico y otro. Más bien, se puede hablar de una complementariedad de ambas condiciones biogeográficas y, por ende, paisajísticas. Walter Scott lo recogió acertadamente al escribir: “It was a barren scene, and wild, / Where naked cliffs were rudely pilled; / But ever and anon, between, / Lay velvet tufts of loveliest green”.

En Granada, esta complementariedad, referida históricamente desde los geógrafos musulmanes (si no antes), es una realidad. La intensa relación vital entre el macizo de Sierra Nevada y la Vega granadina convierte a la montaña, en palabras de Richard Ford, en un “perpetual Alembic of fertilizing water”. Mateo Ximénez, el célebre “Hijo de la Alhambra”, no tenía ninguna duda al respecto: “That Sierra Nevada … is a lump of ice in the middle of Andalusia, to keep it all cool in summer”.

Washington Irving, que vivió sobre uno de sus conglomerados, lo tenía igualmente claro: “Those mountains may well be called the glory of Granada”.

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Equilibrio y de…

Equilibrio y desmesura de la rebeldía metafísica

 

“Ciento cincuenta años de rebeldía metafísica y de nihilismo han visto volver con obstinación, bajo máscaras diferentes, el mismo rostro devastado, el de la protesta humana. Todos, alzados contra la condición y su creador, han afirmado la soledad de la criatura, la nada de toda moral. Pero todos, al mismo tiempo, han tratado de construir un mundo puramente terrestre donde reinaría la regla de su elección. Rivales del Creador, se han visto lógicamente llevados a rehacer la creación por su cuenta. Aquellos que, para el mundo que acababan de crear, rechazaron cualquier otra regla que no fuera la del deseo y el poder, corrieron al suicidio o a la locura, y cantaron el apocalipsis. En cuanto a los otros, que quisieron crear su regla con su propia fuerza, eligieron la ostentación vana, la apriencia o la trivialidad; o incluso, el crimen y la destrucción. Pero Sade y los románticos, Karamázov o Nietzsche entraron en el mundo de la muerte únicamente porque quisieron la verdadera vida. De tal modo que, por un efecto inverso, fue la llamada desgarrada hacia la regla, el orden y la moral, la que sonó en aquel universo demente. Sus conclusiones no fueron nefastas y liberticidas sino a partir del momento en que rechazaron el peso de la rebeldía, huyeron de la tensión que supone y eligieron la comodidad de la tiranía o de la esclavitud. […] El rebelde no pide la vida, sino las razones de la vida. Rechaza la consecuencia que la muerte aporta. Si nada dura, nada está justificado, lo que muere está privado de sentido. Luchar contra la muerte equivale a reivindicar el sentido de la vida, a combatir por la regla y por la unidad. […] Ya en cada uno de aquellos fracasos habíamos visto anunciarse la solución política y conquistadora. En lo sucesivo, de sus adquisiciones, solo retendrá, con el nihilismo moral, la voluntad de poder. El hombre en rebeldía, en principio, no quería sino conquistar su ser propio y mantenerlo ante la faz de Dios. Pero pierde la memoria de sus orígenes y, por la ley de un imperialismo espiritual, helo aquí en marcha hacia el imperio del mundo a través de crímenes multiplicados hasta el infinito. Ha expulsado a Dios de su cielo, pero como el espíritu de rebeldía metafísica se ha sumado entonces francamente al movimiento revolucionario, la reivindicación irracional de la libertad tomará paradójicamente por arma la razón, único poder de conquista que le parece puramente humano. Muerto Dios, quedan los hombres, o sea la historia que hay que entender y construir. El nihilismo, que, en el seno de la rebeldía, sumerge entonces la fuerza de creación, añade tan sólo que se la puede construir por todos los medios. En las cimas de lo irracional, el hombre, en una tierra que desde ahora sabe solitaria, irá a unirse a los crímenes de la razón en marcha hacia el imperio de los hombres. Al ‘me rebelo, luego existimos’, añade, meditando prodigiosos designios y la muerte misma de la rebeldía: ‘Y estamos solos’.”

Albert Camus, El hombre rebelde (L’homme revolté).

La extraordinar…

La extraordinaria diversidad biogeográfica del antiguo Reino de Granada se puede formular de distitintas maneras, incluida la poética:

“The ancient kingdom of Granada, into which we are about to penetrate, is one of the most mountainous regions of spain. Vast sierras, or chains of mountains, destitute of shrub or tree, and mottled with variegated marbles and granites, elevate their sun-burnt summits against a deep-blue sky; yet in their rugged bosoms lie engulfed the most verdant and fertile valleys, where the desert and the garden strain for mastery, and the very rock is, as it were, compelled to yield the fig, the orange, and the citron, and to blossom with the myrtle and the rose.”, Washington Irving, 1834. The Alhambra, or the New Sketch Book.

Paramentos de los edificios de la fortaleza de la Alhambra (cuaternario-s. XIV)

Paramentos de los edificios de la fortaleza de la Alhambra (cuaternario-s. XIV)

El objetivo era contemplar los materiales constructivos de la Alhambra: los conglomerados de las colinas de Granada, producto del empuje alpino del macizo de Sierra Nevada. La fortaleza nazarí, en sus paramentos externos, contiene la materia de la fuerza geológica de los “Alpes de Andalucía”. ¿No es maravillosa esta metáfora? Existe una integración Ciudad-Palacios-Montaña no solo visual, sino también material (e incluso narrativa; pero esto ya es otra historia…). Además, la sensibilidad islámica supo contraponer la tosquedad de los materiales locales con sus elaborados juegos decorativos en los alicatados y en la articulación del ladrillo, de origen iraní.