Equilibrio y de…

Equilibrio y desmesura de la rebeldía metafísica

 

«Ciento cincuenta años de rebeldía metafísica y de nihilismo han visto volver con obstinación, bajo máscaras diferentes, el mismo rostro devastado, el de la protesta humana. Todos, alzados contra la condición y su creador, han afirmado la soledad de la criatura, la nada de toda moral. Pero todos, al mismo tiempo, han tratado de construir un mundo puramente terrestre donde reinaría la regla de su elección. Rivales del Creador, se han visto lógicamente llevados a rehacer la creación por su cuenta. Aquellos que, para el mundo que acababan de crear, rechazaron cualquier otra regla que no fuera la del deseo y el poder, corrieron al suicidio o a la locura, y cantaron el apocalipsis. En cuanto a los otros, que quisieron crear su regla con su propia fuerza, eligieron la ostentación vana, la apriencia o la trivialidad; o incluso, el crimen y la destrucción. Pero Sade y los románticos, Karamázov o Nietzsche entraron en el mundo de la muerte únicamente porque quisieron la verdadera vida. De tal modo que, por un efecto inverso, fue la llamada desgarrada hacia la regla, el orden y la moral, la que sonó en aquel universo demente. Sus conclusiones no fueron nefastas y liberticidas sino a partir del momento en que rechazaron el peso de la rebeldía, huyeron de la tensión que supone y eligieron la comodidad de la tiranía o de la esclavitud. […] El rebelde no pide la vida, sino las razones de la vida. Rechaza la consecuencia que la muerte aporta. Si nada dura, nada está justificado, lo que muere está privado de sentido. Luchar contra la muerte equivale a reivindicar el sentido de la vida, a combatir por la regla y por la unidad. […] Ya en cada uno de aquellos fracasos habíamos visto anunciarse la solución política y conquistadora. En lo sucesivo, de sus adquisiciones, solo retendrá, con el nihilismo moral, la voluntad de poder. El hombre en rebeldía, en principio, no quería sino conquistar su ser propio y mantenerlo ante la faz de Dios. Pero pierde la memoria de sus orígenes y, por la ley de un imperialismo espiritual, helo aquí en marcha hacia el imperio del mundo a través de crímenes multiplicados hasta el infinito. Ha expulsado a Dios de su cielo, pero como el espíritu de rebeldía metafísica se ha sumado entonces francamente al movimiento revolucionario, la reivindicación irracional de la libertad tomará paradójicamente por arma la razón, único poder de conquista que le parece puramente humano. Muerto Dios, quedan los hombres, o sea la historia que hay que entender y construir. El nihilismo, que, en el seno de la rebeldía, sumerge entonces la fuerza de creación, añade tan sólo que se la puede construir por todos los medios. En las cimas de lo irracional, el hombre, en una tierra que desde ahora sabe solitaria, irá a unirse a los crímenes de la razón en marcha hacia el imperio de los hombres. Al ‘me rebelo, luego existimos’, añade, meditando prodigiosos designios y la muerte misma de la rebeldía: ‘Y estamos solos’.»

Albert Camus, El hombre rebelde (L’homme revolté).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s